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Llevo varios días observando Xixacochítls durmiendo.

En uno de sus sueños vi a un bejuco marchito porque un sapo se posó encima y le envenenó con su piel. En otro a un anciano que caminaba en un rumbo opuesto al mío con una lupa en la mano. Al despertar me pregunté cuál sería el anciano del bejuco y si también se cruza con seres que van en direcciones contrarias.

 

Me acordé que en lenguaje nasa existe la palabra PU’TJENG para referirse al encuentro con alguien que viene del rumbo opuesto. Me gusta que exista una palabra que no solo diga: “Me encontré a…” o “Me crucé con…” sino que también dibuje las direcciones de las que venimos y reconozca ese punto diminuto en el que cambian. Una especie de celebración del punto exacto en el que nos cruzamos. 

 

Con la palabra PU’TJENG no pienso solo en los humanos que caminamos en direcciones opuestas, sino en los encuentros con seres que se desplazan entre muchas direcciones, un encuentro que no necesariamente implica un punto de contacto.

 

PUTJENG la planta porque sus raíces son opuestas a las mías. PUTJENG el río que baja cuando yo subo a la montaña. PUTJENG el bejuco que el sapo dejó envenenado con su piel. PU’TJENG sapo que ahora tienes la piel morada como el Xicaxochítl.

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> Diagrama de los ciclos de sueño. Al final del último estadio, la larva sale del agua trepando sobre la vegetación acuática o simplemente subiéndose a las piedras de la orilla, para realizar su última muda. Este momento se denomina “emergencia”.

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